Veganizando canciones infantiles

Os explico una cosa que me hace gracia compartiros: con Marcel, como muchas familias con sus bebés y criaturas, hacemos «jocs de falda» y le canto canciones, o bien que recuerdo de cuando era pequeña, o bien nuevas que voy aprendiendo con los grupos actuales, La Tresca y la Verdesca, la gente bonita de Teatro Al Detall, grupos como El Pot Petit, Ailas animació o Reggae per Xics… ¿Pero qué me ocurre? Que muchas canciones, especialmente las antiguas (como las de los cassetes de La Pataqueta, PDI, 1986 y 1989) son muy especistas!

¡No le quiero cantar a Marcel ni “peix peixet de la canya al sarronet» (pececito, pececito de la caña al bolsito) ni “el lleó no fa por perquè soc bon caçador» (el león no da miedo porque soy buen cazador)…! Me pasaba el mismo con la canción “Arri arri tatanet” (Arre, arre, caballito), así que he veganizado la letra por no cantar normalizando la explotación de caballos (¡¡¡usa tus piernas!!!), y tampoco iremos a comprar queso de leche animal como en la canción, así que le hago el mismo juego pero con esta otra letra, a ver qué os parece (es en catalán):

«Mira mira el cavallet,
junts anem al Poble Sec**,
comprarem un formatget
d’anacards
per sopar,
…i pel Marcel sí que n’hi haurà!»

¿Porque diantres en la canción original se les dice a los niños que para ellos no habrá?

* El especismo es la discriminación de determinados animales en base a la especie a la cual pertenecen, y por lo tanto tratar determinadas especies como moralmente más importantes que otras en función de decisiones e intereses de los humanos. ¡Podéis mirar el hashtag #especismo y encontraréis info muy interesante!

** Me gustaba el Poble Sec porque rima igual que a «San Benet» y porque hay el bar-librería vegano y feminista La Raposa, ¡podríamos comprar allí el queso de anacardos! Ah, y con el caballo iríamos juntos, de lado, no encima suyo. Lo único que me rechina es un pobre caballo en la ciudad de Barcelona, ¡demasiado ruido, demasiado estrés! Pequeña licencia literaria, pues…

  • * * *

La imagen de la familia con una criatura que acompaña este post la pongo con el permiso de los protagonistas, y viene de la cuenta de Instagram de la Fundació Miranda, un santuario de caballos libres, una fundación sin ánimo de lucro que se dedica a cuidar de caballos en Pla de l’Orri, Serra del Catllaràs, en la comarca del Berguedà (Catalunya).

Inicialmente fue creada con el objetivo de recuperar caballos que habían sido maltratados o abandonados y preservar su vida en libertad y plenitud, pero actualmente el proyecto va mucho más allá de la recuperación de los caballos y desarrolla también una tarea social y cultural: los équidos viven en libertad y acompañan en procesos educativos y formativos a través de visitas guiadas y programas de voluntariado, a la vez que contribuyen en gran parte al desarrollo emocional de personas a través de la terapia con animales. La fundación también trabaja con las personas, sobre todo con colectivos vulnerables como mujeres maltratadas o menores con problemas. «Cerca de estos caballos, que son capaces de convertir su vida de sufrimiento y dolor en otra vida completa y llena, las personas que se enfrentan a dificultades vitales pueden sentir una conexión profunda y reparadora.»

(Información sacada de su web, la Wiquipedia y la revista Cuerpo Mente).

¡Echadle un vistazo a su proyecto si no lo conocíais!

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